Una mañana de primavera, Buda caminaba por un pueblo junto a uno de sus nuevos discípulos. Entre conversaciones y silencios, el discípulo vio a un hombre que se acercaba impetuoso. El hombre se paró delante del maestro y comenzó a insultarlo a gritarle que toda su doctrina estaba plagada de mentiras y que la furia de los dioses caería sobre élEl rostro de Buda se mantuvo apacible ante la agresión. El hombre gritaba más y más. Los pensamientos del discípulo se sucedían de forma desordenada, !Tengo que hacerlo callar! ¿Cómo le puede decir esto al maestro? ¿Qué pensara la gente del pueblo que nos está mirando? ¿Y si lo que dice este hombre es verdad?
El hombre empezó hacer ademanes, gritaba insultos de toda especie y color. Buda se mantuvo imperturbable. Parecía que la calma del maestro hiciera crecer la violencia del hombre, que encendido de ira hizo una pausa y le escupió al rostro.
El discípulo se enfureció y Buda lo tomó del brazo en silencio. El rostro del hombre dejó ver su perplejidad, como si después de descargar su furia se hubiera dado cuenta de que acababa de escupir a un santo.
Buda se paró delante del hombre y lo miró a los ojos
-Quiero agradecerte el regalo que me has traído-le dijo-. Al escuchar tus palabras pensé que tendría adentro más agresividad de la que tengo. Muchas gracias por haberme traído este hermoso regalo. Todas las bendiciones para tu vida.
20-3-2012
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