lunes, 20 de noviembre de 2017

Quién Soy ? Qué ven los otros de mi? Qué ven los otros de mi que yo no he visto?

Dijo SOCARTES:
La verdadera clave de la grandeza humana, es ser quién realmente eres.
Porqué tengo miedo de decirte quién Soy ?  Tengo miedo de decirte   quien soy…  porque si te lo digo puede ser que no te guste quien soy, y eso es todo lo que tengo…

Forbidden


- ¿Cuánto vale esta moneda con dos soles?
-Nada, es una moneda falsa, sólo las monedas que tienen águila y sol son verdaderas.
Son como las personas, que son auténticas cuando reconocen que tienen sol y águila, luz y sombra, virtudes y defectos.
QUIEN SOY? Le pregunto un hombre un día al espejo, despúes de un buen rato en silencio mirando los ojos del reflejo, el espejo respondió.mascara
Tu eres…
… lo que piensas
… lo que sientes
… lo que amas
… lo que odias
… lo que temes
… lo que deseas
… lo que valoras
… lo que crees
… y lo que haces.
La honestidad y el reconocimiento de la vulnerabilidad funcionan para ser nosotros mismos y reconocer a nuestra alma.
Deshacernos de la VERGUENZA, el MIEDO, la CULPA, los SECRETOS y cualquier otra cosa dentro de nosotros que nos haga sentir menos, que nos pese, nos atormente o nos haga sentir mal a cerca de nosotros mismos.
Melody Beattie
"Conozco de mi todo aquello que he tenido el valor de confiarte, porque aun y cuando te decía "me caes gordo" en realidad no sabes cuanto amaba  cada parte de ti sabiendo que eso, también era parte de mi."
La cercanía, la intimidad, el vinculo que generan las relaciones incluye la confianza, atesorar esa confiabilidad con un extremo grado de confidencialidad. Cuando sientes esa comprensión se dejan al desnudo secretos que antes no habías sentido la apertura de revelarlos, una vez hecho esto las personas crecen y por tanto eso le imprime mas significado a las relaciones, por esa mascara que se atrevieron a remover.
Qué te voy a confiar? 
Mis mentiras
Mis errores
Mis crímenes
Mis miedos
Mis anhelos
Mi sexualidad
Mis deseos
"Si tu me dices un secreto, entonces tú y yo poseemos en común el conocimiento de tu secreto. Pero, si lo deseas, tienes mucho más que comunicarme que solamente uno de tus secretos.  Puedes decirme quién eres, así como yo puedo decirte quién soy”.

miércoles, 25 de octubre de 2017

COME FRESAS

fresas
Te sientes feliz? come fresas
Te sientes desanimado? come fresas
Tienes frío? Come fresas
Tienes calor? come fresas
Los beneficios de las fresas
Destacan por su elevado contenido en vitaminas del grupo B, entre las que encontramos vitamina B1, B2, B3, B6 y B9, además de una cantidad bastante elevada de vitamina C, ademas de vitamina E y alta en hierro,
Puede comerse cruda, con zumo, en postres, licuados, ensaladas y chocolate… Está formada por hidratos de carbono, como puede ser fructosa, glucosa y xilitol. Además contiene fibra, siendo buena para proteger el intestino y regular las digestiones.
Un estudio de la Universidad Politécnica de la Marche, en Italia, y de la Universidad de Granada asegura que el consumo regular de esta fruta puede llegar a mejorar la capacidad antioxidante del plasma sanguíneo. Ayuda a la piel ademas de nuestro sistema digestivo.
Muchos alimentos influyen no solo en nuestro físico  si no también en nuestro estado anímico. Como seres biológicos que somos, estamos conectados con la tierra y como madre tierra tan inteligente  que crea alimentos fortificados para los seres vivos de este planeta.
Entre semillas, granos, frutas y verduras ricos en minerales y hierro para  que nuestra química funcione de manera óptima.
La imagen puede contener: fruta y comida

martes, 24 de octubre de 2017

GLOSARIO DEL HO'OPONOPONO

Te quiero compartir este  glosario del creador de sistema hawaiano del perdón y el amor, HO'OPONOPONO. Viene  incluido en el libro CERO LIMITES.
"Ho'oponopono es un regalo profundo que permite desarrollar una relación que trabaja interiormente con la Divinidad, desde adentro, y nos enseña a pedir, en cada momento, que nuestros errores en el pensamiento, palabras, hechos ó acciones, sean limpiados, sean corregidos. El proceso es esencialmente sobre libertad, libertad completa del pasado."
golondrinajunco
En su libro  "Cero Límites"  JOE VITALE IHALEAKALA HEW LEN, PhD
Hace unos meses se me ocurrió la idea de hacer un glosario parlante de los personajes esenciales de la auto identidad Ho’oponopono. Puede familiarizarse con cada uno de ellos a su propio ritmo.
1. Auto identidad: Yo soy la auto identidad. Estoy formada por cuatro elementos: la Inteligencia Divina, la mente súper consciente, la mente consciente y la mente subconsciente. Mis fundamentos, el vacío y el infinito, son una réplica exacta de la Inteligencia Divina.
2. Inteligencia Divina: Yo soy la Inteligencia Divina. Soy el infinito. Yo creo las auto identidades e inspiraciones. Yo transmuto los recuerdos y los convierto en nada.
3. Mente súper consciente: Yo soy la mente súper consciente. Yo superviso la mente consciente y la mente subconsciente. Evalúo y hago cambios apropiados en la solicitud Ho’oponopono a la Inteligencia Divina iniciada por la mente consciente. No me afectan los recuerdos que se repiten en la mente subconsciente. Yo siempre soy una con el Creador Divino.
4. Mente consciente: Yo soy la mente consciente. Poseo el don de la elección. Puedo permitir que los recuerdos incesantes dictaminen la experiencia de la mente subconsciente y mía o puedo iniciar la liberación de dichos recuerdos a través de la práctica incesante del Ho’oponopono. Puedo solicitar instrucciones de la Inteligencia Divina.
5. Mente subconsciente: Yo soy la mente subconsciente. Soy el almacén de todos los recuerdos acumulados desde el inicio de la creación. Soy el lugar donde las experiencias son experimentadas en forma de recuerdos que se repiten o inspiraciones. Soy el lugar donde residen el cuerpo y el mundo en forma de recuerdos que se repiten y como inspiraciones. Soy el lugar donde viven los problemas en forma de recuerdos que reaccionan.
6. Vacío: Yo soy el vacío. Soy el fundamento de la auto identidad y del cosmos. Soy el lugar donde nace la inspiración de la Inteligencia Divina, el infinito. Los recuerdos que se repiten en la mente subconsciente me desplazan, pero no me destruyen, lo cual evita el flujo de inspiraciones que provienen de la Inteligencia Divina.
7. Infinito: Yo soy el infinito, la Inteligencia Divina. Las inspiraciones, fluyen de mí como frágiles rosas, hacia el vacío de la auto identidad, donde son fácilmente desplazadas por las espinas de los recuerdos.
8. Inspiración: Yo soy la inspiración. Soy una creación del infinito, la Inteligencia Divina. Me traslado desde el vacío a la mente subconsciente. Se me suele ver como una ocurrencia totalmente novedosa.
9. Memoria: Yo soy la memoria. Soy un registro de una experiencia pasada localizado en la mente subconsciente. Cuando me detonan, repito las experiencias pasadas.
10. Problema: Yo soy el problema. Soy la memoria que repite una experiencia pasada nuevamente en la mente subconsciente.
11. Experiencia: Yo soy la experiencia. Soy el efecto de los recuerdos que se repiten o las inspiraciones en la mente subconsciente.
12. Sistema operativo: Yo soy el sistema operativo. Puedo hacer funcionar a la auto identidad con el vacío, la inspiración y la memoria. 13.Ho’oponopono: Yo soy Ho’oponopono. Soy un antiguo proceso Hawaiano para resolver problemas actualizado por Morrnah Nalamaku Simeona, Kahuna Lapa’au, reconocida como un Tesoro Viviente de Hawai en1983. Estoy compuesto por tres elementos: arrepentimiento, perdón y transmutación. Soy una solicitud iniciada por la mente consciente a la Inteligencia Divina para anular recuerdos y reestablecer la auto identidad. Empiezo en la mente consciente.
14. Arrepentimiento: Yo soy el arrepentimiento. Soy el comienzo del proceso de Ho’oponopono iniciado por la mente consciente en forma de solicitud a la Inteligencia Divina para transmutar los recuerdos y convertirlos en nada. Conmigo, la mente consciente reconoce su responsabilidad por la repetición de problemas que realiza la memoria en la mente subconsciente, y por haberlos creado, aceptado y acumulado.
15. Perdón: Yo soy el perdón. Junto con el arrepentimiento, soy una solicitud de la mente consciente al Creador Divino de transformar los recuerdos de la mente subconsciente en nada. La mente consciente no sólo se arrepiente sino que también pide a la Inteligencia Divina que la perdone.
16. Transmutación: Yo soy la transmutación. La Inteligencia Divina me usa para neutralizar y liberar los recuerdos convirtiéndolos en nada en la mente subconsciente. Sólo puedo ser usada por la Inteligencia Divina.
Ho’oponopono. Les deseo paz más allá de todo lo comprensible.
O Ka Maluhia no me oe.
Que la paz los acompañe
Ihaleakala Hew Len, Ph.D. Director emérito The Foundation of I, Inc. Freedom of the Cosmos

lunes, 16 de octubre de 2017

EL ANCIANO Y LA VELA

vela
Un anciano, en su lecho de muerte, llamó a sus tres hijos y les
dijo:
—No puedo dividir en tres lo que poseo. Eso dejaría muy pocos bienes para cada uno de vosotros. He decidido dar todo lo que
tengo, como herencia, al que se muestre más hábil, más inteligente. Dicho de otra manera: a mi mejor hijo. He dejado encima de
la mesa una moneda para cada uno de vosotros. Cogedla. El que compre con esa moneda algo con lo que llenar la casa se quedará con todo.
Se fueron. El primer hijo compró paja, pero sólo consiguió llenar la casa hasta la mitad. El segundo compró sacos de plumas, pero
no consiguió llenar la casa más que el anterior. El tercer hijo, que consiguió la herencia, sólo compró un pequeño objeto. Era una
vela. Esperó hasta la noche, encendió la vela y llenó la casa de luz.
Cuento sufi

jueves, 12 de octubre de 2017

INTELIGENCIA EMOCIONAL

inteligencia emocional

¿Qué es inteligencia emocional?
Conjunto de habilidades que ha llamado “inteligencia emocional”, entre las que destacan el autocontrol, el entusiasmo, la empatía, la perseverancia y la capacidad para motivarse a uno mismo.  Si bien una parte de estas habilidades pueden venir configuradas en nuestro equipaje genético, y otras tantas se moldean durante los primeros años de vida, la evidencia respaldada por abundantes investigaciones demuestra que las habilidades emocionales son susceptibles de aprenderse y perfeccionarse a lo largo de la vida.

Tanto en el aspecto físico como en el emocional  nuestro cerebro lleva  años y años evolucionando, hace miles de años era mas protuberante  tanto d ella parte frontal como la parte inferior trasera, lugar donde se encuentra el tallo  encefálico encargado de las  funciones  como respirar y la del metabolismo, así como donde se configura nuestro sistema límbico encargado de la respuesta emocional.

En esencia, toda emoción constituye un impulso que nos moviliza a la acción. Su nombre lo dice “emotion”  motor que  da impulso a lo que hacemos, las emociones aunque para muchos de nosotros son cuestiones del alma,  son parte de nuestro ser  y llevan involucradas en ellas todos nuestros sistemas  químicos y fisiológicos de nuestro cuerpo y de nuestro desarrollo humano.

Es por ello que dicen que la mente no solo se encuentra en la parte cerebral si no en todo nuestro cuerpo, en el sistema digestivo ya que es el que se encarga de asimilar los nutrientes y desechar lo que no, nuestra piel ya que sensorialmente percibe lo externo y lo lleva a nuestro sistema de atención, memoria y emocional. Así funcionamos, somos una máquina precisa diseñada de manera perfecta por DIOS nuestro creador.

Daniel Goleman en su libro "La práctica de la inteligencia emocional" se refiere a la inteligencia emocional como algo importante para nosotros mismos a desarrollar  para  poder tener una calidad de vida mejor, tanto en el área de las relaciones interpersonales como en el área productiva profesionalmente y mas importante en el desarrollo personal de nosotros mismos.

Qué es útil desarrollar para la inteligencia emocional?

AUTO-CONCIENCIA
La autoconciencia es la capacidad de centrar la atención en tu propio estado emocional en cualquier situación, así como ser capaz de procesar con eficacia este estado y usar lo que sabes para tener mejores acciones futuras. Digamos que estás enojado, si eres una persona consciente de ti misma, no sólo sabes que estás enojado, sino que también puedes determinar la causa de la ira, y así utilizar este conocimiento para decidir qué hacer, evitando una reacción descontrolada que te puede ocasionar problemas.
AUTOOBSERVACION
La auto observación te da la opción de seleccionar la emoción que deseas experimentar en un momento dado, en cada situación particular. Este proceso requiere de mucha práctica y una considerable cantidad de auto-control, para tener el dominio que te permitirá conseguir aceptar tus emociones, sentirlas y a la vez externarlas  sin que llegues a ser víctima de acciones de otras personas.
No se trata de reprimir las emociones con sus energías correspondientes, sino saber darles flujo y hacer uso de esas energías en algo bueno para  la persona.
AUTO-MOTIVACIÓN
Auto-motivación, te permite centrar tu atención en aquello que quieres lograr, moverte a por ello, convencido por ti mismo de que es lo que deseas hacer para ti y que por ende es bueno para tu entorno, Esta capacidad de auto motivarte va muy relacionado a enfocar la energía de forma positiva aun y cuando las cosas no salgan como las tengas provistas.
EMPATÍA
Tener la capacidad de ser sensible a los cambios y a las emociones que siente otra persona, que puede ser diferente a la tuya y no por ello menos importante. La empatía te ofrece la posibilidad de encontrar  las formas de adaptación y de llevar a la acción lo que se propusieron sin que las emociones sean  obstáculo si no mas bien un aliento desde la perspectiva de la comprensión y trabajo en equipo.
RELACIONARESE
Relacionarse con otras personas sin duda es un factor relevante para el logro  de propósitos y ser más productivos en cualquier aspecto de tu vida, en la familia, en la pareja, en  el trabajo, en lo social.  Nuestras acciones y nuestra forma de comunicar influyen mucho para lograr buenas relaciones, que conlleven compromiso., esfuerzo y comprensión así como fortalecer el trabajo en equipo.
La inteligencia emocional es una cualidad que nos capacita para relacionarnos con nosotros mismos y con los demás. ... La única manera de poder gestionar adecuadamente las emociones consiste en saber identificar lo que estamos sintiendo para poder actuar en base a nuestras decisiones y no simplemente, reaccionar.

11-10-2017

martes, 10 de octubre de 2017

El arte del éxtasis

las hojas de otoño
PARA MÍ, TÚ ERES LO MÁS IMPORTANTE.
Si eres capaz de entender esto, entonces podré decir algo más.
Con “Consciencia” quiero decir un movimiento hacia un “estar totalmente vivo”.
Nunca estás totalmente vivo; a veces estás más vivo - eso, lo sabes -
y a veces estás menos vivo.
Y cuando estás más vivo, te sientes feliz.
La felicidad no es nada más que una interpretación de tu “estar vivo”
en un mayor grado.
Si amas a alguien, entonces, con ella, te sientes más vivo, y ese mayor “estar vivo”
te aporta el sentimiento de felicidad.
Luego vas proyectando las razones de tu felicidad sobre los demás.
Cuando te encuentras con la naturaleza, estás más vivo.
Cuando estás en la montaña, estás más vivo
y cuando vives solamente con máquinas, estás menos vivo,
por causa de la asociación.
Con los árboles estás más vivo porque una vez fuiste árbol.
En lo más profundo somos simplemente árboles andantes,
con raíces en el aire, no en la tierra.
Y cuando miras al océano te sientes más vivo
porque la primera vida nació en el océano.
De hecho, en nuestros cuerpos todavía tenemos la misma composición de agua que el océano,
la misma cantidad de sal que tiene el océano.
Cuando estás con una mujer, si eres del sexo opuesto,
empiezas a sentirte más vivo que si estás con un hombre.
Con un hombre te sientes menos vivo porque nada está tirando de ti.
Estás encerrado, la energía opuesta tira de ti hacia afuera; la llama oscila,
tú te sientes más vivo.
Y siempre que empieces a sentirte más vivo, empezarás a sentirte feliz.
Cuando empleamos la palabra “alma”, queremos decir “estar totalmente vivo”;
estar totalmente vivo no respecto a alguien más,
si no respecto a nosotros mismos.
Estar totalmente vivo sin causas exteriores.
El océano no está ahí y tú te conviertes en el océano;
el cielo no está ahí y te conviertes en puro espacio;
la amada no está ahí y tú eres puro amor,
nada más.
Lo que quiero decir es que empiezas a vivir de forma independiente.
No existe dependencia de nadie ni de nada:
estás liberado. Y con esta liberación, esta liberación interior,
no puedes perder tu felicidad.
Esto es vivir totalmente,
esto es CONSCIENCIA TOTAL.
No puede perderse.
OSHO
MEDITACIÓN: el arte del éxtasis
Buenos días

miércoles, 4 de octubre de 2017

TU TESORO, TUS FORTALEZAS

“De todos los conocimientos posibles, el más sabio y útil es conocerse a sí mismo” -William Shakespeare
 tesoro
Conocer tus debilidades es importante,  es mas importante aun conocer tus fortalezas de las cuales  hechas mano para  salir adelante.
Todos poseempos  talentos innatos o naturales con los que nacemos que los podemos convertir en fortalezas, que mucho llaman habilidades.
Marcus Buckingham comenta en su libro "Descubra sus fortalezas"  los médicos han estudiado las enfermedades a fin de aprender sobre la salud. Los psicólogos han investigado la tristeza a fin de aprender acerca de la alegría. Los terapeutas han examinado las causas del divorcio para aprender sobre los matrimonios felices. Las fortalezas tienen sus propios patrones. Deje a un lado cualquier interés que pueda sentir por las debilidades, y explore los detalles complejos de sus fortalezas.
  1. Los talentos de cada persona son permanentes y únicos.
  2. El mayor potencial que tiene una persona para crecer está en aquellos campos donde sus fortalezas son mayores.

La primera herramienta revolucionaria es comprender cómo distinguir entre sus talentos naturales y las cosas que puede aprender. Para desarrollar una fortaleza en una Concretamente, le presentamos tres términos cuidadosamente definidos:
  • Los talentos son sus patrones de pensamiento, sentimiento o comportamiento que se repiten en forma natural. Los diversos temas de sus talentos son los que mide precisamente el Perfil de Fortalezas (StrengthsFinder).
  • El conocimiento consta de los hechos y las lecciones aprendidas.
  • Las destrezas son los pasos de una actividad. Estos tres elementos
— talentos, conocimiento y destrezas — se combinan para crear sus fortalezas. determinada actividad se necesitan ciertos talentos naturales.
¿Qué es el talento? El talento es cualquier patrón recurrente de pensamiento, sentimiento o comportamiento que se pueda aplicar productivamente. Por consiguiente, si usted es inquisitivo por instinto, éste es un talento. Si es competitivo, éste es un talento. Si es encantador, éste es un talento. Si es persistente, éste es un talento. Si es responsable, éste es un talento. Cualquier patrón recurrente de pensamiento, sentimiento o comportamiento es un talento si es un patrón que se puede aplicar productivamente.
Según esta definición, hasta los rasgos aparentemente negativos pueden llamarse talentos si se pueden aplicar productivamente. ¿Obstinación? Ser obstinado es un talento si uno logra encontrar una función en donde quedarse al pie del cañón, pese a una resistencia abrumadora, es un requisito para el éxito.
Las huellas del talento "¿Qué debe hacer para identificar sus talentos?"
Ante todo, si desea hacer visibles sus talentos, esté atento(a) a sus reacciones espontáneas e inmediatas ante todas las situaciones. Esas reacciones espontáneas le ofrecen la mejor huella de sus talentos. Revelan dónde se encuentran sus conexiones mentales más fuertes.
Cada una de sus reacciones bajo tensión extrema revela los Talentos Dominantes y, hasta cierto punto, ayudan a explicar el desempeño de cada persona en su trabajo. No cabe duda de que la observación atenta de la naturaleza humana contribuía al descubrimiento de sus talentos. Tome nota que la vida diaria ofrece miles de situaciones menos intensas que también provocan reacciones reveladoras.
El propósito de convertir sus talentos en Fortalezas no es dotarlo de ellas sino revelar dónde existe en usted el mayor potencial para desarrollar los talentos en fortalezas. Así, el Perfil de Fortalezas mide los treinta y cuatro temas del talento que descubrimos durante nuestro largo estudio sobre la excelencia.
He aquí 34 talentos naturales de los cuales te puedes apalancar para convertirlos en tus fortalezas.
  1. Activador
  2. Adaptable
  3. Afinidad
  4. Analítico
  5. Emprendedor
  6. Procura Armonía
  7. Autoconfianza
  8. Coleccionador
  9. Competitivo
  10. Comunicativo
  11. Establece Conexiones
  12. Consistente
  13. Busca Contexto
  14. Coordina
  15. Delibera
  16. Desarrollador
  17. Disciplina
  18. Empatía
  19. Enfoque
  20. Estratégico
  21. Visionario
  22. Crear o idear
  23. Promueve la inclusión
  24. Mantiene individualización
  25. Usa el intelecto
  26. Logrador de metas
  27. Don de mando
  28. Maximizador
  29. Positivo
  30. Responsable
  31. Sociable
  32. Restaurador
  33. Busca significado
  34. Sociable
¿Por qué soy diferente de otras personas con quienes tengo en común algunas fortalezas?
Usted es único, son muy pocas las personas que comparten los temas que constituyen sus Talentos Dominantes (en efecto, hay más de treinta y tres millones de combinaciones posibles de los cinco primeros, de manera que las probabilidades de que usted encuentre su copia exacta son infinitesimales). Esto es importante porque ninguno de sus cinco talentos existe de manera aislada.
En realidad todos los talentos están tan estrechamente entretejidos que se modifican y alteran por asociación. Un ejemplo: El talento Idear describe el amor por las ideas y las conexiones. El talento Contexto describe la necesidad instintiva de investigar cómo fue que las cosas llegaron a ser lo que son.
No lo dudes, posees talento!! si gustas el libro, mandame un correo...lauracevada@hotmail.com, que te ofrece conocer  mas acerca de tus talentos y los talentos de la gente que comparte contigo.
Una forma  fácil de conocer tus talentos naturales:  Recuerdas que te gustaba hacer de niño?  Cómo resolvías algunas situaciones sin ayuda de los adultos? La informacipon la tienes  solo es  cuestión de  darte un clavado y reflexionar sobre tus reacciones naturales a las circunstancias de la vida.
Éxito!!!
si gustas el libro, mandame un correo...lauracevada@hotmail.com
En este link  de abajo podrás encontrar  bajo un costo el perfil para  descubrir  tus fortalezas de  Evaluación de CliftonStrengths

viernes, 8 de septiembre de 2017

El principe feliz

El príncipe feliz.
(Oscar Wilde)
En la parte más alta de la ciudad, sobre una columnita, se alzaba la estatua del Príncipe Feliz.
Estaba toda revestida de madreselva de oro fino. Tenía, a guisa de ojos, dos centelleantes zafiros y un gran rubí rojo ardía en el puño de su espada.
Por todo lo cual era muy admirada.
-Es tan hermoso como una veleta -observó uno de los miembros del Concejo que deseaba granjearse una reputación de conocedor en el arte-. Ahora, que no es tan útil -añadió, temiendo que le tomaran por un hombre poco práctico.
Y realmente no lo era.
-¿Por qué no eres como el Príncipe Feliz? -preguntaba una madre cariñosa a su hijito, que pedía la luna-. El Príncipe Feliz no hubiera pensado nunca en pedir nada a voz en grito.

-Me hace dichoso ver que hay en el mundo alguien que es completamente feliz -murmuraba un hombre fracasado, contemplando la estatua maravillosa.
-Verdaderamente parece un ángel -decían los niños hospicianos al salir de la catedral, vestidos con sus soberbias capas escarlatas y sus bonitas chaquetas blancas.
-¿En qué lo conocéis -replicaba el profesor de matemáticas- si no habéis visto uno nunca?
-¡Oh! Los hemos visto en sueños -respondieron los niños.
Y el profesor de matemáticas fruncía las cejas, adoptando un severo aspecto, porque no podía aprobar que unos niños se permitiesen soñar.
Una noche voló una golondrinita sin descanso hacia la ciudad.
Seis semanas antes habían partido sus amigas para Egipto; pero ella se quedó atrás.
Estaba enamorada del más hermoso de los juncos. Lo encontró al comienzo de la primavera, cuando volaba sobre el río persiguiendo a una gran mariposa amarilla, y su talle esbelto la atrajo de tal modo, que se detuvo para hablarle.
-¿Quieres que te ame? -dijo la Golondrina, que no se andaba nunca con rodeos.
Y el Junco le hizo un profundo saludo.
Entonces la Golondrina revoloteó a su alrededor rozando el agua con sus alas y trazando estelas de plata.
Era su manera de hacer la corte. Y así transcurrió todo el verano.
-Es un enamoramiento ridículo -gorjeaban las otras golondrinas-. Ese Junco es un pobretón y tiene realmente demasiada familia.
Y en efecto, el río estaba todo cubierto de juncos.
Cuando llegó el otoño, todas las golondrinas emprendieron el vuelo.
Una vez que se fueron sus amigas, sintióse muy sola y empezó a cansarse de su amante.
-No sabe hablar -decía ella-. Y además temo que sea inconstante porque coquetea sin cesar con la brisa.
golondrinajuncoY realmente, cuantas veces soplaba la brisa, el Junco multiplicaba sus más graciosas reverencias.
-Veo que es muy casero -murmuraba la Golondrina-. A mí me gustan los viajes. Por lo tanto, al que me ame, le debe gustar viajar conmigo.
-¿Quieres seguirme? -preguntó por último la Golondrina al Junco.
Pero el Junco movió la cabeza. Estaba demasiado atado a su hogar.
-¡Te has burlado de mí! -le gritó la Golondrina-. Me marcho a las Pirámides. ¡Adiós!
Y la Golondrina se fue.
Voló durante todo el día y al caer la noche llegó a la ciudad.
-¿Dónde buscaré un abrigo? -se dijo-. Supongo que la ciudad habrá hecho preparativos para recibirme.
Entonces divisó la estatua sobre la columnita.
-Voy a cobijarme allí -gritó- El sitio es bonito. Hay mucho aire fresco.
Y se dejó caer precisamente entre los pies del Príncipe Feliz.
-Tengo una habitación dorada -se dijo quedamente, después de mirar en torno suyo.
Y se dispuso a dormir.
Pero al ir a colocar su cabeza bajo el ala, he aquí que le cayó encima una pesada gota de agua.
-¡Qué curioso! -exclamó-. No hay una sola nube en el cielo, las estrellas están claras y brillantes, ¡y sin embargo llueve! El clima del norte de Europa es verdaderamente extraño. Al Junco le gustaba la lluvia; pero en él era puro egoísmo.
Entonces cayó una nueva gota.
-¿Para qué sirve una estatua si no resguarda de la lluvia? -dijo la Golondrina-. Voy a buscar un buen copete de chimenea.
Y se dispuso a volar más lejos. Pero antes de que abriese las alas, cayó una tercera gota.
La Golondrina miró hacia arriba y vio… ¡Ah, lo que vio!
Los ojos del Príncipe Feliz estaban arrasados de lágrimas, que corrían sobre sus mejillas de oro.
Su faz era tan bella a la luz de la luna, que la Golondrinita sintióse llena de piedad.
-¿Quién sois? -dijo.
-Soy el Príncipe Feliz.
-Entonces, ¿por qué lloriqueáis de ese modo? -preguntó la Golondrina-. Me habéis empapado casi.
-Cuando estaba yo vivo y tenía un corazón de hombre -repitió la estatua-, no sabía lo que eran las lágrimas porque vivía en el Palacio de la Despreocupación, en el que no se permite la entrada al dolor. Durante el día jugaba con mis compañeros en el jardín y por la noche bailaba en el gran salón. Alrededor del jardín se alzaba una muralla altísima, pero nunca me preocupó lo que había detrás de ella, pues todo cuanto me rodeaba era hermosísimo. Mis cortesanos me llamaban el Príncipe Feliz y, realmente, era yo feliz, si es que el placer es la felicidad. Así viví y así morí y ahora que estoy muerto me han elevado tanto, que puedo ver todas las fealdades y todas las miserias de mi ciudad, y aunque mi corazón sea de plomo, no me queda más recurso que llorar.
«¡Cómo! ¿No es de oro de buena ley?», pensó la Golondrina para sus adentros, pues estaba demasiado bien educada para hacer ninguna observación en voz alta sobre las personas.
-Allí abajo -continuó la estatua con su voz baja y musical-, allí abajo, en una callejuela, hay una pobre vivienda. Una de sus ventanas está abierta y por ella puedo ver a una mujer sentada ante una mesa. Su rostro está enflaquecido y ajado. Tiene las manos hinchadas y enrojecidas, llenas de pinchazos de la aguja, porque es costurera. Borda pasionarias sobre un vestido de raso que debe lucir, en el próximo baile de corte, la más bella de las damas de honor de la Reina. Sobre un lecho, en el rincón del cuarto, yace su hijito enfermo. Tiene fiebre y pide naranjas. Su madre no puede darle más que agua del río. Por eso llora. Golondrina, Golondrinita, ¿no quieres llevarle el rubí del puño de mi espada? Mis pies están sujetos al pedestal, y no me puedo mover.
-Me esperan en Egipto -respondió la Golondrina-. Mis amigas revolotean de aquí para allá sobre el Nilo y charlan con los grandes lotos. Pronto irán a dormir al sepulcro del Gran Rey. El mismo Rey está allí en su caja de madera, envuelto en una tela amarilla y embalsamado con sustancias aromáticas. Tiene una cadena de jade verde pálido alrededor del cuello y sus manos son como unas hojas secas.
-Golondrina, Golondrina, Golondrinita – dijo el Príncipe-, ¿no te quedarás conmigo una noche y serás mi mensajera? ¡Tiene tanta sed el niño y tanta tristeza la madre!
-No creo que me agraden los niños -contestó la Golondrina-. El invierno último, cuando vivía yo a orillas del río, dos muchachos mal educados, los hijos del molinero, no paraban un momento en tirarme piedras. Claro es que no me alcanzaban. Nosotras las golondrinas volamos demasiado bien para eso y además yo pertenezco a una familia célebre por su agilidad; mas, a pesar de todo, era una falta de respeto.
Pero la mirada del Príncipe Feliz era tan triste que la Golondrinita se quedó apenada.
-Mucho frío hace aquí -le dijo-; pero me quedaré una noche con vos y seré vuestra mensajera.
-Gracias, Golondrinita -respondió el Príncipe.
Entonces la Golondrinita arrancó el gran rubí de la espada del Príncipe y, llevándolo en el pico, voló sobre los tejados de la ciudad.
Pasó sobre la torre de la catedral, donde había unos ángeles esculpidos en mármol blanco.
Pasó sobre el palacio real y oyó la música de baile.
Una bella muchacha apareció en el balcón con su novio.
-¡Qué hermosas son las estrellas -la dijo- y qué poderosa es la fuerza del amor!
-Querría que mi vestido estuviese acabado para el baile oficial -respondió ella-. He mandado bordar en él unas pasionarias ¡pero son tan perezosas las costureras!
Pasó sobre el río y vio los fanales colgados en los mástiles de los barcos. Pasó sobre el gueto y vio a los judíos viejos negociando entre ellos y pesando monedas en balanzas de cobre.
Al fin llegó a la pobre vivienda y echó un vistazo dentro. El niño se agitaba febrilmente en su camita y su madre habíase quedado dormida de cansancio.
La Golondrina saltó a la habitación y puso el gran rubí en la mesa, sobre el dedal de la costurera. Luego revoloteó suavemente alrededor del lecho, abanicando con sus alas la cara del niño.
-¡Qué fresco más dulce siento! -murmuró el niño-. Debo estar mejor.
Y cayó en un delicioso sueño.
Entonces la Golondrina se dirigió a todo vuelo hacia el Príncipe Feliz y le contó lo que había hecho.
-Es curioso -observa ella-, pero ahora casi siento calor, y sin embargo, hace mucho frío.
Y la Golondrinita empezó a reflexionar y entonces se durmió. Cuantas veces reflexionaba se dormía.
Al despuntar el alba voló hacia el río y tomó un baño.
-¡Notable fenómeno! -exclamó el profesor de ornitología que pasaba por el puente-. ¡Una golondrina en invierno!
Y escribió sobre aquel tema una larga carta a un periódico local.
Todo el mundo la citó. ¡Estaba plagada de palabras que no se podían comprender!…
-Esta noche parto para Egipto -se decía la Golondrina.
Y sólo de pensarlo se ponía muy alegre.
Visitó todos los monumentos públicos y descansó un gran rato sobre la punta del campanario de la iglesia.
Por todas parte a donde iba piaban los gorriones, diciéndose unos a otros:
-¡Qué extranjera más distinguida!
Y esto la llenaba de gozo. Al salir la luna volvió a todo vuelo hacia el Príncipe Feliz.
-¿Tenéis algún encargo para Egipto? -le gritó-. Voy a emprender la marcha.
-Golondrina, Golondrina, Golondrinita -dijo el Príncipe-, ¿no te quedarás otra noche conmigo?
-Me esperan en Egipto -respondió la Golondrina-. Mañana mis amigas volarán hacia la segunda catarata. Allí el hipopótamo se acuesta entre los juncos y el dios Memnón se alza sobre un gran trono de granito. Acecha a las estrellas durante la noche y cuando brilla Venus, lanza un grito de alegría y luego calla. A mediodía, los rojizos leones bajan a beber a la orilla del río. Sus ojos son verdes aguamarinas y sus rugidos más atronadores que los rugidos de la catarata.
-Golondrina, Golondrina, Golondrinita -dijo el Príncipe-, allá abajo, al otro lado de la ciudad, veo a un joven en una buhardilla. Está inclinado sobre una mesa cubierta de papeles y en un vaso a su lado hay un ramo de violetas marchitas. Su pelo es negro y rizoso y sus labios rojos como granos de granada. Tiene unos grandes ojos soñadores. Se esfuerza en terminar una obra para el director del teatro, pero siente demasiado frío para escribir más. No hay fuego ninguno en el aposento y el hambre le ha rendido.
-Me quedaré otra noche con vos -dijo la Golondrina, que tenía realmente buen corazón-. ¿Debo llevarle otro rubí?
-¡Ay! No tengo más rubíes -dijo el Príncipe-. Mis ojos es lo único que me queda. Son unos zafiros extraordinarios traídos de la India hace un millar de años. Arranca uno de ellos y llévaselo. Lo venderá a un joyero, se comprará alimento y combustible y concluirá su obra.
-Amado Príncipe -dijo la Golondrina-, no puedo hacer eso.
Y se puso a llorar.
-¡Golondrina, Golondrina, Golondrinita! -dijo el Príncipe-. Haz lo que te pido.
Entonces la Golondrina arrancó el ojo del Príncipe y voló hacia la buhardilla del estudiante. Era fácil penetrar en ella porque había un agujero en el techo. La Golondrina entró por él como una flecha y se encontró en la habitación.
El joven tenía la cabeza hundida en las manos. No oyó el aleteo del pájaro y cuando levantó la cabeza, vio el hermoso zafiro colocado sobre las violetas marchitas.
-Empiezo a ser estimado -exclamó-. Esto proviene de algún rico admirador. Ahora ya puedo terminar la obra.
Y parecía completamente feliz.
Al día siguiente la Golondrina voló hacia el puerto.
Descansó sobre el mástil de un gran navío y contempló a los marineros que sacaban enormes cajas de la cala tirando de unos cabos.
-¡Ah, iza! -gritaban a cada caja que llegaba al puente.
-¡Me voy a Egipto! -les gritó la Golondrina.
Pero nadie le hizo caso, y al salir la luna, volvió hacia el Príncipe Feliz.
-He venido para deciros adiós -le dijo.
-¡Golondrina, Golondrina, Golondrinita! -exclamó el Príncipe-. ¿No te quedarás conmigo una noche más?
-Es invierno -replicó la Golondrina- y pronto estará aquí la nieve glacial. En Egipto calienta el sol sobre las palmeras verdes. Los cocodrilos, acostados en el barro, miran perezosamente a los árboles, a orillas del río. Mis compañeras construyen nidos en el templo de Baalbeck. Las palomas rosadas y blancas las siguen con los ojos y se arrullan. Amado Príncipe, tengo que dejaros, pero no os olvidaré nunca y la primavera próxima os traeré de allá dos bellas piedras preciosas con que sustituir las que disteis. El rubí será más rojo que una rosa roja y el zafiro será tan azul como el océano.
-Allá abajo, en la plazoleta -contestó el Príncipe Feliz-, tiene su puesto una niña vendedora de cerillas. Se le han caído las cerillas al arroyo, estropeándose todas. Su padre le pegará si no lleva algún dinero a casa, y está llorando. No tiene ni medias ni zapatos y lleva la cabecita al descubierto. Arráncame el otro ojo, dáselo y su padre no le pegará.
-Pasaré otra noche con vos -dijo la Golondrina-, pero no puedo arrancaros el ojo porque entonces os quedaríais ciego del todo.
-¡Golondrina, Golondrina, Golondrinita! -dijo el Príncipe-. Haz lo que te mando.
Entonces la Golondrina volvió de nuevo hacia el Príncipe y emprendió el vuelo llevándoselo.
Se posó sobre el hombro de la vendedorcita de cerillas y deslizó la joya en la palma de su mano.
-¡Qué bonito pedazo de cristal! -exclamó la niña, y corrió a su casa muy alegre.
Entonces la Golondrina volvió de nuevo hacia el Príncipe.
– Ahora estáis ciego. Por eso me quedaré con vos para siempre.
-No, Golondrinita -dijo el pobre Príncipe-. Tienes que ir a Egipto.
-Me quedaré con vos para siempre -dijo la Golondrina.
Y se durmió entre los pies del Príncipe. Al día siguiente se colocó sobre el hombro del Príncipe y le refirió lo que habla visto en países extraños.
Le habló de los ibis rojos que se sitúan en largas filas a orillas del Nilo y pescan a picotazos peces de oro; de la esfinge, que es tan vieja como el mundo, vive en el desierto y lo sabe todo; de los mercaderes que caminan lentamente junto a sus camellos, pasando las cuentas de unos rosarios de ámbar en sus manos; del rey de las montañas de la Luna, que es negro como el ébano y que adora un gran bloque de cristal; de la gran serpiente verde que duerme en una palmera y a la cual están encargados de alimentar con pastelitos de miel veinte sacerdotes; y de los pigmeos que navegan por un gran lago sobre anchas hojas aplastadas y están siempre en guerra con las mariposas.
-Querida Golondrinita -dijo el Príncipe-, me cuentas cosas maravillosas, pero más maravilloso aún es lo que soportan los hombres y las mujeres. No hay misterio más grande que la miseria. Vuela por mi ciudad, Golondrinita, y dime lo que veas.
Entonces la Golondrinita voló por la gran ciudad y vio a los ricos que se festejaban en sus magníficos palacios, mientras los mendigos estaban sentados a sus puertas.
Voló por los barrios sombríos y vio las pálidas caras de los niños que se morían de hambre, mirando con apatía las calles negras.
Bajo los arcos de un puente estaban acostados dos niñitos abrazados uno a otro para calentarse.
-¡Qué hambre tenemos! -decían.
-¡No se puede estar tumbado aquí! -les gritó un guardia.
Y se alejaron bajo la lluvia.
Entonces la Golondrina reanudó su vuelo y fue a contar al Príncipe lo que había visto.
-Estoy cubierto de oro fino -dijo el Príncipe-; despréndelo hoja por hoja y dáselo a mis pobres. Los hombres creen siempre que el oro puede hacerlos felices.
Hoja por hoja arrancó la Golondrina el oro fino hasta que el Príncipe Feliz se quedó sin brillo ni belleza.
Hoja por hoja lo distribuyó entre los pobres, y las caritas de los niños se tornaron nuevamente sonrosadas y rieron y jugaron por la calle.
-¡Ya tenemos pan! -gritaban.
Entonces llegó la nieve y después de la nieve el hielo.
Las calles parecían empedradas de plata por lo que brillaban y relucían.
Largos carámbanos, semejantes a puñales de cristal, pendían de los tejados de las casas. Todo el mundo se cubría de pieles y los niños llevaban gorritos rojos y patinaban sobre el hielo.
La pobre Golondrina tenía frío, cada vez más frío, pero no quería abandonar al Príncipe: le amaba demasiado para hacerlo.
Picoteaba las migas a la puerta del panadero cuando éste no la veía, e intentaba calentarse batiendo las alas.
Pero, al fin, sintió que iba a morir. No tuvo fuerzas más que para volar una vez más sobre el hombro del Príncipe.
-¡Adiós, amado Príncipe! -murmuró-. Permitid que os bese la mano.
-Me da mucha alegría que partas por fin para Egipto, Golondrina -dijo el Príncipe-. Has permanecido aquí demasiado tiempo. Pero tienes que besarme en los labios porque te amo.
-No es a Egipto a donde voy a ir -dijo la Golondrina-. Voy a ir a la morada de la Muerte. La Muerte es hermana del Sueño, ¿verdad?
Y besando al Príncipe Feliz en los labios, cayó muerta a sus pies.
En el mismo instante sonó un extraño crujido en el interior de la estatua, como si se hubiera roto algo.
El hecho es que la coraza de plomo se habla partido en dos. Realmente hacía un frío terrible.
A la mañana siguiente, muy temprano, el alcalde se paseaba por la plazoleta con dos concejales de la ciudad.
Al pasar junto al pedestal, levantó sus ojos hacia la estatua.
-¡Dios mío! -exclamó-. ¡Qué andrajoso parece el Príncipe Feliz!
-¡Sí, está verdaderamente andrajoso! -dijeron los concejales de la ciudad, que eran siempre de la opinión del alcalde.
Y levantaron ellos mismos la cabeza para mirar la estatua.
-El rubí de su espada se ha caído y ya no tiene ojos, ni es dorado -dijo el alcalde- En resumidas cuentas, que está lo mismo que un pordiosero.
-¡Lo mismo que un pordiosero! -repitieron a coro los concejales.
-Y tiene a sus pies un pájaro muerto -prosiguió el alcalde-. Realmente habrá que promulgar un bando prohibiendo a los pájaros que mueran aquí.
Y el secretario del Ayuntamiento tomó nota para aquella idea.
Entonces fue derribada la estatua del Príncipe Feliz.
-¡Al no ser ya bello, de nada sirve! -dijo el profesor de estética de la Universidad.
Entonces fundieron la estatua en un horno y el alcalde reunió al Concejo en sesión para decidir lo que debía hacerse con el metal.
-Podríamos -propuso- hacer otra estatua. La mía, por ejemplo.
-O la mía -dijo cada uno de los concejales.
Y acabaron disputando.
-¡Qué cosa más rara! -dijo el oficial primero de la fundición-. Este corazón de plomo no quiere fundirse en el horno; habrá que tirarlo como desecho.
Los fundidores lo arrojaron al montón de basura en que yacía la golondrina muerta.
-Tráeme las dos cosas más preciosas de la ciudad -dijo Dios a uno de sus ángeles.
Y el ángel se llevó el corazón de plomo y el pájaro muerto.
-Has elegido bien -dijo Dios-. En mi jardín del Paraíso este pajarillo cantará eternamente, y en mi ciudad de oro el Príncipe Feliz repetirá mis alabanzas.
-¿Quieres que te ame? -dijo la Golondrina, que no se andaba nunca con rodeos.
Y el Junco le hizo un profundo saludo.
Entonces la Golondrina revoloteó a su alrededor rozando el agua con sus alas y trazando estelas de plata.
Era su manera de hacer la corte. Y así transcurrió todo el verano.
-Es un enamoramiento ridículo -gorjeaban las otras golondrinas-. Ese Junco es un pobretón y tiene realmente demasiada familia.
Y en efecto, el río estaba todo cubierto de juncos.
Cuando llegó el otoño, todas las golondrinas emprendieron el vuelo.
Una vez que se fueron sus amigas, sintióse muy sola y empezó a cansarse de su amante.
-No sabe hablar -decía ella-. Y además temo que sea inconstante porque coquetea sin cesar con la brisa.
Y realmente, cuantas veces soplaba la brisa, el Junco multiplicaba sus más graciosas reverencias.
-Veo que es muy casero -murmuraba la Golondrina-. A mí me gustan los viajes. Por lo tanto, al que me ame, le debe gustar viajar conmigo.
-¿Quieres seguirme? -preguntó por último la Golondrina al Junco.
Pero el Junco movió la cabeza. Estaba demasiado atado a su hogar.
-¡Te has burlado de mí! -le gritó la Golondrina-. Me marcho a las Pirámides. ¡Adiós!
Y la Golondrina se fue.
Voló durante todo el día y al caer la noche llegó a la ciudad.
-¿Dónde buscaré un abrigo? -se dijo-. Supongo que la ciudad habrá hecho preparativos para recibirme.
Entonces divisó la estatua sobre la columnita.
-Voy a cobijarme allí -gritó- El sitio es bonito. Hay mucho aire fresco.
Y se dejó caer precisamente entre los pies del Príncipe Feliz.
-Tengo una habitación dorada -se dijo quedamente, después de mirar en torno suyo.
Y se dispuso a dormir.
Pero al ir a colocar su cabeza bajo el ala, he aquí que le cayó encima una pesada gota de agua.
-¡Qué curioso! -exclamó-. No hay una sola nube en el cielo, las estrellas están claras y brillantes, ¡y sin embargo llueve! El clima del norte de Europa es verdaderamente extraño. Al Junco le gustaba la lluvia; pero en él era puro egoísmo.
Entonces cayó una nueva gota.
-¿Para qué sirve una estatua si no resguarda de la lluvia? -dijo la Golondrina-. Voy a buscar un buen copete de chimenea.
Y se dispuso a volar más lejos. Pero antes de que abriese las alas, cayó una tercera gota.
La Golondrina miró hacia arriba y vio… ¡Ah, lo que vio!
Los ojos del Príncipe Feliz estaban arrasados de lágrimas, que corrían sobre sus mejillas de oro.
Su faz era tan bella a la luz de la luna, que la Golondrinita sintióse llena de piedad.
-¿Quién sois? -dijo.
-Soy el Príncipe Feliz.
-Entonces, ¿por qué lloriqueáis de ese modo? -preguntó la Golondrina-. Me habéis empapado casi.
-Cuando estaba yo vivo y tenía un corazón de hombre -repitió la estatua-, no sabía lo que eran las lágrimas porque vivía en el Palacio de la Despreocupación, en el que no se permite la entrada al dolor. Durante el día jugaba con mis compañeros en el jardín y por la noche bailaba en el gran salón. Alrededor del jardín se alzaba una muralla altísima, pero nunca me preocupó lo que había detrás de ella, pues todo cuanto me rodeaba era hermosísimo. Mis cortesanos me llamaban el Príncipe Feliz y, realmente, era yo feliz, si es que el placer es la felicidad. Así viví y así morí y ahora que estoy muerto me han elevado tanto, que puedo ver todas las fealdades y todas las miserias de mi ciudad, y aunque mi corazón sea de plomo, no me queda más recurso que llorar.
«¡Cómo! ¿No es de oro de buena ley?», pensó la Golondrina para sus adentros, pues estaba demasiado bien educada para hacer ninguna observación en voz alta sobre las personas.
-Allí abajo -continuó la estatua con su voz baja y musical-, allí abajo, en una callejuela, hay una pobre vivienda. Una de sus ventanas está abierta y por ella puedo ver a una mujer sentada ante una mesa. Su rostro está enflaquecido y ajado. Tiene las manos hinchadas y enrojecidas, llenas de pinchazos de la aguja, porque es costurera. Borda pasionarias sobre un vestido de raso que debe lucir, en el próximo baile de corte, la más bella de las damas de honor de la Reina. Sobre un lecho, en el rincón del cuarto, yace su hijito enfermo. Tiene fiebre y pide naranjas. Su madre no puede darle más que agua del río. Por eso llora. Golondrina, Golondrinita, ¿no quieres llevarle el rubí del puño de mi espada? Mis pies están sujetos al pedestal, y no me puedo mover.
-Me esperan en Egipto -respondió la Golondrina-. Mis amigas revolotean de aquí para allá sobre el Nilo y charlan con los grandes lotos. Pronto irán a dormir al sepulcro del Gran Rey. El mismo Rey está allí en su caja de madera, envuelto en una tela amarilla y embalsamado con sustancias aromáticas. Tiene una cadena de jade verde pálido alrededor del cuello y sus manos son como unas hojas secas.
-Golondrina, Golondrina, Golondrinita – dijo el Príncipe-, ¿no te quedarás conmigo una noche y serás mi mensajera? ¡Tiene tanta sed el niño y tanta tristeza la madre!
-No creo que me agraden los niños -contestó la Golondrina-. El invierno último, cuando vivía yo a orillas del río, dos muchachos mal educados, los hijos del molinero, no paraban un momento en tirarme piedras. Claro es que no me alcanzaban. Nosotras las golondrinas volamos demasiado bien para eso y además yo pertenezco a una familia célebre por su agilidad; mas, a pesar de todo, era una falta de respeto.
Pero la mirada del Príncipe Feliz era tan triste que la Golondrinita se quedó apenada.
-Mucho frío hace aquí -le dijo-; pero me quedaré una noche con vos y seré vuestra mensajera.
-Gracias, Golondrinita -respondió el Príncipe.
Entonces la Golondrinita arrancó el gran rubí de la espada del Príncipe y, llevándolo en el pico, voló sobre los tejados de la ciudad.
Pasó sobre la torre de la catedral, donde había unos ángeles esculpidos en mármol blanco.
Pasó sobre el palacio real y oyó la música de baile.
Una bella muchacha apareció en el balcón con su novio.
-¡Qué hermosas son las estrellas -la dijo- y qué poderosa es la fuerza del amor!
-Querría que mi vestido estuviese acabado para el baile oficial -respondió ella-. He mandado bordar en él unas pasionarias ¡pero son tan perezosas las costureras!
Pasó sobre el río y vio los fanales colgados en los mástiles de los barcos. Pasó sobre el gueto y vio a los judíos viejos negociando entre ellos y pesando monedas en balanzas de cobre.
Al fin llegó a la pobre vivienda y echó un vistazo dentro. El niño se agitaba febrilmente en su camita y su madre habíase quedado dormida de cansancio.
La Golondrina saltó a la habitación y puso el gran rubí en la mesa, sobre el dedal de la costurera. Luego revoloteó suavemente alrededor del lecho, abanicando con sus alas la cara del niño.
-¡Qué fresco más dulce siento! -murmuró el niño-. Debo estar mejor.
Y cayó en un delicioso sueño.
Entonces la Golondrina se dirigió a todo vuelo hacia el Príncipe Feliz y le contó lo que había hecho.
-Es curioso -observa ella-, pero ahora casi siento calor, y sin embargo, hace mucho frío.
Y la Golondrinita empezó a reflexionar y entonces se durmió. Cuantas veces reflexionaba se dormía.
Al despuntar el alba voló hacia el río y tomó un baño.
-¡Notable fenómeno! -exclamó el profesor de ornitología que pasaba por el puente-. ¡Una golondrina en invierno!
Y escribió sobre aquel tema una larga carta a un periódico local.
Todo el mundo la citó. ¡Estaba plagada de palabras que no se podían comprender!…
-Esta noche parto para Egipto -se decía la Golondrina.
Y sólo de pensarlo se ponía muy alegre.
Visitó todos los monumentos públicos y descansó un gran rato sobre la punta del campanario de la iglesia.
Por todas parte a donde iba piaban los gorriones, diciéndose unos a otros:
-¡Qué extranjera más distinguida!
Y esto la llenaba de gozo. Al salir la luna volvió a todo vuelo hacia el Príncipe Feliz.
-¿Tenéis algún encargo para Egipto? -le gritó-. Voy a emprender la marcha.
-Golondrina, Golondrina, Golondrinita -dijo el Príncipe-, ¿no te quedarás otra noche conmigo?
-Me esperan en Egipto -respondió la Golondrina-. Mañana mis amigas volarán hacia la segunda catarata. Allí el hipopótamo se acuesta entre los juncos y el dios Memnón se alza sobre un gran trono de granito. Acecha a las estrellas durante la noche y cuando brilla Venus, lanza un grito de alegría y luego calla. A mediodía, los rojizos leones bajan a beber a la orilla del río. Sus ojos son verdes aguamarinas y sus rugidos más atronadores que los rugidos de la catarata.
-Golondrina, Golondrina, Golondrinita -dijo el Príncipe-, allá abajo, al otro lado de la ciudad, veo a un joven en una buhardilla. Está inclinado sobre una mesa cubierta de papeles y en un vaso a su lado hay un ramo de violetas marchitas. Su pelo es negro y rizoso y sus labios rojos como granos de granada. Tiene unos grandes ojos soñadores. Se esfuerza en terminar una obra para el director del teatro, pero siente demasiado frío para escribir más. No hay fuego ninguno en el aposento y el hambre le ha rendido.
-Me quedaré otra noche con vos -dijo la Golondrina, que tenía realmente buen corazón-. ¿Debo llevarle otro rubí?
-¡Ay! No tengo más rubíes -dijo el Príncipe-. Mis ojos es lo único que me queda. Son unos zafiros extraordinarios traídos de la India hace un millar de años. Arranca uno de ellos y llévaselo. Lo venderá a un joyero, se comprará alimento y combustible y concluirá su obra.
-Amado Príncipe -dijo la Golondrina-, no puedo hacer eso.
Y se puso a llorar.
-¡Golondrina, Golondrina, Golondrinita! -dijo el Príncipe-. Haz lo que te pido.
Entonces la Golondrina arrancó el ojo del Príncipe y voló hacia la buhardilla del estudiante. Era fácil penetrar en ella porque había un agujero en el techo. La Golondrina entró por él como una flecha y se encontró en la habitación.
El joven tenía la cabeza hundida en las manos. No oyó el aleteo del pájaro y cuando levantó la cabeza, vio el hermoso zafiro colocado sobre las violetas marchitas.
-Empiezo a ser estimado -exclamó-. Esto proviene de algún rico admirador. Ahora ya puedo terminar la obra.
Y parecía completamente feliz.
Al día siguiente la Golondrina voló hacia el puerto.
Descansó sobre el mástil de un gran navío y contempló a los marineros que sacaban enormes cajas de la cala tirando de unos cabos.
-¡Ah, iza! -gritaban a cada caja que llegaba al puente.
-¡Me voy a Egipto! -les gritó la Golondrina.
Pero nadie le hizo caso, y al salir la luna, volvió hacia el Príncipe Feliz.
-He venido para deciros adiós -le dijo.
-¡Golondrina, Golondrina, Golondrinita! -exclamó el Príncipe-. ¿No te quedarás conmigo una noche más?
-Es invierno -replicó la Golondrina- y pronto estará aquí la nieve glacial. En Egipto calienta el sol sobre las palmeras verdes. Los cocodrilos, acostados en el barro, miran perezosamente a los árboles, a orillas del río. Mis compañeras construyen nidos en el templo de Baalbeck. Las palomas rosadas y blancas las siguen con los ojos y se arrullan. Amado Príncipe, tengo que dejaros, pero no os olvidaré nunca y la primavera próxima os traeré de allá dos bellas piedras preciosas con que sustituir las que disteis. El rubí será más rojo que una rosa roja y el zafiro será tan azul como el océano.
-Allá abajo, en la plazoleta -contestó el Príncipe Feliz-, tiene su puesto una niña vendedora de cerillas. Se le han caído las cerillas al arroyo, estropeándose todas. Su padre le pegará si no lleva algún dinero a casa, y está llorando. No tiene ni medias ni zapatos y lleva la cabecita al descubierto. Arráncame el otro ojo, dáselo y su padre no le pegará.
-Pasaré otra noche con vos -dijo la Golondrina-, pero no puedo arrancaros el ojo porque entonces os quedaríais ciego del todo.
-¡Golondrina, Golondrina, Golondrinita! -dijo el Príncipe-. Haz lo que te mando.
Entonces la Golondrina volvió de nuevo hacia el Príncipe y emprendió el vuelo llevándoselo.
Se posó sobre el hombro de la vendedorcita de cerillas y deslizó la joya en la palma de su mano.
-¡Qué bonito pedazo de cristal! -exclamó la niña, y corrió a su casa muy alegre.
Entonces la Golondrina volvió de nuevo hacia el Príncipe.
– Ahora estáis ciego. Por eso me quedaré con vos para siempre.
-No, Golondrinita -dijo el pobre Príncipe-. Tienes que ir a Egipto.
-Me quedaré con vos para siempre -dijo la Golondrina.
Y se durmió entre los pies del Príncipe. Al día siguiente se colocó sobre el hombro del Príncipe y le refirió lo que habla visto en países extraños.
Le habló de los ibis rojos que se sitúan en largas filas a orillas del Nilo y pescan a picotazos peces de oro; de la esfinge, que es tan vieja como el mundo, vive en el desierto y lo sabe todo; de los mercaderes que caminan lentamente junto a sus camellos, pasando las cuentas de unos rosarios de ámbar en sus manos; del rey de las montañas de la Luna, que es negro como el ébano y que adora un gran bloque de cristal; de la gran serpiente verde que duerme en una palmera y a la cual están encargados de alimentar con pastelitos de miel veinte sacerdotes; y de los pigmeos que navegan por un gran lago sobre anchas hojas aplastadas y están siempre en guerra con las mariposas.
-Querida Golondrinita -dijo el Príncipe-, me cuentas cosas maravillosas, pero más maravilloso aún es lo que soportan los hombres y las mujeres. No hay misterio más grande que la miseria. Vuela por mi ciudad, Golondrinita, y dime lo que veas.
Entonces la Golondrinita voló por la gran ciudad y vio a los ricos que se festejaban en sus magníficos palacios, mientras los mendigos estaban sentados a sus puertas.
Voló por los barrios sombríos y vio las pálidas caras de los niños que se morían de hambre, mirando con apatía las calles negras.
Bajo los arcos de un puente estaban acostados dos niñitos abrazados uno a otro para calentarse.
-¡Qué hambre tenemos! -decían.
-¡No se puede estar tumbado aquí! -les gritó un guardia.
Y se alejaron bajo la lluvia.
Entonces la Golondrina reanudó su vuelo y fue a contar al Príncipe lo que había visto.
-Estoy cubierto de oro fino -dijo el Príncipe-; despréndelo hoja por hoja y dáselo a mis pobres. Los hombres creen siempre que el oro puede hacerlos felices.
Hoja por hoja arrancó la Golondrina el oro fino hasta que el Príncipe Feliz se quedó sin brillo ni belleza.
Hoja por hoja lo distribuyó entre los pobres, y las caritas de los niños se tornaron nuevamente sonrosadas y rieron y jugaron por la calle.
-¡Ya tenemos pan! -gritaban.
Entonces llegó la nieve y después de la nieve el hielo.
Las calles parecían empedradas de plata por lo que brillaban y relucían.
Largos carámbanos, semejantes a puñales de cristal, pendían de los tejados de las casas. Todo el mundo se cubría de pieles y los niños llevaban gorritos rojos y patinaban sobre el hielo.
La pobre Golondrina tenía frío, cada vez más frío, pero no quería abandonar al Príncipe: le amaba demasiado para hacerlo.
Picoteaba las migas a la puerta del panadero cuando éste no la veía, e intentaba calentarse batiendo las alas.
Pero, al fin, sintió que iba a morir. No tuvo fuerzas más que para volar una vez más sobre el hombro del Príncipe.
-¡Adiós, amado Príncipe! -murmuró-. Permitid que os bese la mano.
-Me da mucha alegría que partas por fin para Egipto, Golondrina -dijo el Príncipe-. Has permanecido aquí demasiado tiempo. Pero tienes que besarme en los labios porque te amo.
-No es a Egipto a donde voy a ir -dijo la Golondrina-. Voy a ir a la morada de la Muerte. La Muerte es hermana del Sueño, ¿verdad?
Y besando al Príncipe Feliz en los labios, cayó muerta a sus pies.
En el mismo instante sonó un extraño crujido en el interior de la estatua, como si se hubiera roto algo.
El hecho es que la coraza de plomo se habla partido en dos. Realmente hacía un frío terrible.
A la mañana siguiente, muy temprano, el alcalde se paseaba por la plazoleta con dos concejales de la ciudad.
Al pasar junto al pedestal, levantó sus ojos hacia la estatua.
-¡Dios mío! -exclamó-. ¡Qué andrajoso parece el Príncipe Feliz!
-¡Sí, está verdaderamente andrajoso! -dijeron los concejales de la ciudad, que eran siempre de la opinión del alcalde.
Y levantaron ellos mismos la cabeza para mirar la estatua.
-El rubí de su espada se ha caído y ya no tiene ojos, ni es dorado -dijo el alcalde- En resumidas cuentas, que está lo mismo que un pordiosero.
-¡Lo mismo que un pordiosero! -repitieron a coro los concejales.
-Y tiene a sus pies un pájaro muerto -prosiguió el alcalde-. Realmente habrá que promulgar un bando prohibiendo a los pájaros que mueran aquí.
Y el secretario del Ayuntamiento tomó nota para aquella idea.
Entonces fue derribada la estatua del Príncipe Feliz.
-¡Al no ser ya bello, de nada sirve! -dijo el profesor de estética de la Universidad.
Entonces fundieron la estatua en un horno y el alcalde reunió al Concejo en sesión para decidir lo que debía hacerse con el metal.
-Podríamos -propuso- hacer otra estatua. La mía, por ejemplo.
-O la mía -dijo cada uno de los concejales.
Y acabaron disputando.
-¡Qué cosa más rara! -dijo el oficial primero de la fundición-. Este corazón de plomo no quiere fundirse en el horno; habrá que tirarlo como desecho.
Los fundidores lo arrojaron al montón de basura en que yacía la golondrina muerta.
-Tráeme las dos cosas más preciosas de la ciudad -dijo Dios a uno de sus ángeles.
Y el ángel se llevó el corazón de plomo y el pájaro muerto.
-Has elegido bien -dijo Dios-. En mi jardín del Paraíso este pajarillo cantará eternamente, y en mi ciudad de oro el Príncipe Feliz repetirá mis alabanzas.
“The Happy Prince”,
The Happy Prince and Other Tales, 1888