Desde el hombre más noble al más
humilde, todos tienen el deber de mejorar y corregir su propio ser.
Conocer lo que es justo y no
practicarlo es una cobardía.
Los defectos y faltas de los
hombres dan a conocer su verdadera valía. Si examinamos con atención las faltas
de un hombre, llegaremos a conocer si su bondad es sincera o fingida.
Observa a los sabios para
comprobar si posees sus virtudes. Observa también a los perversos para meditar
en tu interior si estás libres de sus
defectos.
Una virtud nunca puede subsistir
aislada; siempre ha de hallarse protegida por otras virtudes.
El hombre prudente es parco en el
hablar pero activo en el obrar.
Cuando el hombre se halla cerca
de la muerte, sus palabras son sinceras y veraces.
El que habla en exceso y sin
cordura raras veces pone en práctica lo que dice. El hombre noble nunca teme
que sus palabras superen a sus obras.
El hombre que no medita y obra
con precipitación, no podrá evitar grandes fracasos.
Puede calificarse como "
amante del estudio " quien cada día adquiere un conocimiento nuevo, y cada
mes retiene lo que ha aprendido.
Lo que hagas, a ti pertenece; yo sólo debo responder de mis propios actos.
Las palabras en sí mismas son
inocuas, pero sus consecuencias pueden ser funestas si son despectivas.
El origen de todas las acciones
se encuentra en el interior de nuestro ser. Si reflexionando sobre nuestros
propios actos descubrimos que son conformes con nuestra naturaleza racional,
experimentaremos la más intensa satisfacción.
Las penas y privaciones agudizan
la inteligencia y fortalecen la prudencia.
Las mejores palabras son aquellas
que encierran un profundo significado y, al mismo tiempo, resultan
comprensibles para todo el mundo.
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