Los dragones de China tienen el poder de transformarse en cualquier
animal que deseen para acercarse o alejarse de los hombres y mujeres, según el
caso. Sucedió una vez que un Gran Dragón a quien le gustaba mucho la compañía de
los seres humanos se transformó en una paloma blanca para estar cerca de ellos.
Disfrutó mucho en un principio revoloteando en sus plazas , posándose en sus
tejados y comiendo lo que la gente le echaba con cariño.
Todo iba bien hasta que un día, el Dragón
hecho paloma quiso acercarse a una pandilla de chiquillos traviesos que se
pusieron agresivos y empezaron a tirarle piedras a ver si le daban. La pobre
paloma no podía creerse aquello, le pareció que debía ser una equivocación.
Seguía empeñada en acercarse a ellos pero se dio cuenta de que los chiquillos
iban de veras y tiraban a dar, de
repente una piedra le alcanzó el ala y se la rompió. Sobre sus blancas plumas
se dibujó un trazo de sangre, y al verla supo el dragón que tenía un serio
problema. Sabía que mientras no se curara la herida no podría volver a su forma
original de Dragón, y tuvo miedo.
Intentó volar, pero no podía remontar
el vuelo. Varias piedras más le alcanzaron y los gritos salvajes de muerte de
los agresores le hicieron perder toda esperanza. En aquel momento, una niña oyó
los gritos y comprendió lo que pasaba, la recogió cuidadosamente entre sus
manos y la llevó a su casa, soportando la burla de los muchachos.
Una vez allí cuidó a la paloma, le
limpió la herida, le dio de comer y le preparó un rincón maullido para
descansar. La paloma durmió agradecida. Día a día siguió cuidando la niña a la
paloma, acariciándole con cariño y asegurándose que iba recobrando sus fuerzas.
Pronto se le curaron todas las heridas, se le fortalecieron las alas y
recobró el ánimo, ya era otra vez el Gran Dragón y podía volver a su forma
original cuando quisiera, pero él también le había cogido cariño a la niña.
Muchas veces el Gran Dragón había sentido su poder y había sentido a hombres y
mujeres temerlo, admirarlo, venerarlo, suplicarle... pero nunca se había
sentido amado de aquella manera. Aquello era una nueva experiencia para él, no
quería dejarla.
Pero también un Dragón tenía sus obligaciones que no debía descuidar y
ya no podía retrasarse más. La niña, al asegurarse de que la paloma se había
recuperado del todo decidió llevarla al aire libre y la echó a volar. La paloma
voló en círculos cada vez más altos, mirándola con cariño, hasta perderse de
vista en el cielo.
Una vez allí recobró su forma de Dragón pero desde entonces, todos los
años, en ese mismo tiempo, el Dragón vuelve a convertirse en paloma y se
arriesga a ser vulnerable para sentir el cariño de los hombres.
Si aciertas a ver una paloma con una pluma roja en el ala derecha ese
es el Gran Dragón que se acerca a nosotros, si le saludas te bendecirá.
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